   Sin fe ni amor, y a la esperanza muerta,
como una estatua sepulcral yacías,
ensueños y venturas de otros días
muda representando, hermosa y yerta.

   Turbar osé tu soledad desierta;
consuelos te he brindado y alegrías,
y bella surges de las sombras frías
y a un nuevo amor tu corazón despierta.

   ¿Fue que tu alma sacudió la muerte?
¿Es que renace su extinguido fuego?
¿O inmóvil sigues en adusta calma?

   No: fue que al abrazar tu cuerpo inerte,
pasmosa emulación del mármol griego,
en mis besos de amor te di mi alma.