   Tarde sucia de invierno. El caserío,
como si fuera un croquis al creyón,
se hunde en la noche. El humo de un bohío,
que sube en forma de tirabuzón;

   mancha el paisaje que produce frío,
y debajo de la genuflexión
de la arboleda, somormuja el río
su canción, su somnífera canción.

   Los labradores, camellón abajo,
retornan fatigosos del trabajo,
como un problema sin definición.

   Y el dueño del terruño, indiferente,
rápidamente, muy rápidamente,
baja en su coche por el camellón.