   Yo la quiero cambiante, misteriosa y compleja;
con dos ojos de abismos que se vuelvan fanales;
en su boca una fruta perfumada y bermeja
que destile más miel que los rubios panales.

   A veces nos asalte un aguijón de abeja;
unos raptos feroces a gestos imperiales
y sorprenda en su risa el dolor de una queja;
¡en sus manos asombren caricias y puñales!

   Y que vibre, y desmaye, y llore, y ruja, y cante,
y sea águila, tigre, paloma en un instante.
Que el Universo quepa en sus ansias divinas;

   tenga una voz que hiele, que suspenda, que inflame,
y una frente que erguida su corona reclame
de rosas, de diamantes, de estrellas o de espinas!