   Íbamos en la tarde que caía
rápidamente sobre los caminos.
Su belleza, algo exótica, ponía
aspavientos en ojos campesinos.

   -Gozaremos el libro- me decía
de tus epigramáticos y finos
versos. En el crepúsculo moría
un desfile de pájaros marinos...

   Debajo de nosotros, la espesura
aprisionaba en forma de herradura
la población. Y de un charco amarillo

   surgió la luna de color de argento,
y a lo lejos, con un recogimiento
sentimental, lloraba un caramillo...