   No aceches cauteloso y traicionero:
ya sentí tu pisar en pos del mío,
ya tu aliento aspiré morboso y frío,
no te escondas dolor que ya te espero.

   Me he parado a esperarte en el sendero;
yo te conozco ya y en ti confío,
cuando no vienes tú viene le hastío,
y entre el hastío y tú, yo te prefiero.

   ¡Cuántas veces el alma desolada
presintió tu venida y cuántas veces
sintió después tu sorda dentellada!

   Al sabor de la copa que me ofreces
hace tiempo que el alma está avezada:
tráela, pues, que la apure hasta las heces.