   Esa inquietud que sin cesar te agita,
ese tormento que te oprime el pecho,
y pone abrojos al mullido lecho,
y tu semblante virginal marchita.

   Esa lucha fatal que se concita
del corazón en el recinto estrecho,
y le arranca suspiros al despecho
en continua aflicción y amarga cuita;

   ese dulce mirar, tu afecto tierno
que revelan un alma candorosa
que pugna por vencer un mal interno;

   esa delicia, en fin, que misteriosa
con las penas se mezcla del infierno;
esa es la llama del amor, hermosa.